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UMMO-Ciencias

Sitio dedicado al estudio racional del asunto UMMO

D137-3 Carta del mecanógrafo a Dionisio Garrido.

7 Noviembre 1967

Sr. D. Dionisio Garrido Buendía

MADRID

 

 

Muy señor mío:

 

No hace mucho le llamé por teléfono y tuve el gusto de hablar con su señora que seguramente le transmitió lo que yo le dije. Recordará que yo soy el señor que les escribía parte de los documentos a los señores de Ummo hasta que éstos se fueron de la Tierra.

 

Usted me perdonará por no haberle escrito antes pero es que unos asuntos me retienen temporadas fuera de Madrid. A mi regreso pien­so ahora poner en orden los papeles y cuando encuentre la agenda que con todo el asunto de la mudanza tengo entre los paquetes de libros y papeles, le enviaré algunas cosas que tengo de usted.

 

Quiero decirle también una cosa, se trata de que cuando ellos me dictaban cosas para los distintos señores con quien ellos tenían tratos, a veces después de haber hecho el trabajo y los dibujos y corregido las fórmulas y las erratas que yo podía haber hecho, a los dos o tres días me daban orden de no enviarlas al interesado y yo les decía que qué hacía de ellas contestándome que lo que quisiera o que las rompiera. Pero yo los archivaba.

 

Digo esto porque recuerdo que tengo algunos folios que iban dirigidos a usted al principio y ellos en algunos casos los sustituyeron por otros que son los que recibió usted. No recuerdo ahora cuántos pero se lo diré cuando lo compruebe, pues los tengo en mi poder y ahí está la duda, que no sé si debo dárselos ahora que se han ido (pues yo ya tengo copia seguro) o si será incorrecto pues ellos sus razones tendrían. Yo creo que esto último es menos razonable y que si iban dirigidas a usted y ellos no están, no está bien que los retenga.

 

También tengo varios documentos más de personas que rechazaron seguir hablando con ellos o se marcharon de viaje. Algunos de es­tos folios los he regalado a otros

corresponsales pues yo ya tengo copias y me van a servir menos que a ustedes. Entre ellos hay algunos que ni yo mismo he mecanografiado pues últimamente les ayudaba un señor más a escribirles las cosas a máquina, pero sea porque ellos no querían que él supiese direcciones de personas que yo sabía, o por otra razón, ellos me daban algunos de estos documentos para que yo los remitiese.

 

Por ejemplo le adjunto una carta que no llegó a mandarse a un señor que se marchó al extranjero y que ellos me dijeron que cesasen los envíos. No dice nada nuevo pero como la tengo a mano se la regalo; yo la he copiado pues no tenía calco de la misma.

 

Sigo sin saber nada de los señores de UMMO. El otro día leí que en Norteamérica habían visto un platillo volante pero ellos mismos me han dicho muchas veces que no todas esas naves eran suyas incluso que hacían alusión a que muchas de las noticias de los periódicos fueran alucinaciones de la gente o confusiones con aviación y globos.

 

Le repito, Don Dionisio, lo que le dije a su señora cuando ha­blé con ella; estoy sin saber qué hacer de este asunto. Si pasa un año o así sin que sepamos nada de ellos yo tengo pruebas y me dirigiré a un Ministerio. Claro es que encima pueden decirme por qué no lo he declarado antes pera usted sabe que no era moral.

 

Yo le voy: a confesar una cosa y puede que usted reconozca que llevo razón. No se ofenderá usted si le digo que he pensado muchas veces y lo he comentado con mi señora si usted no será el enlace de ellos con el gobierno. Pues de todos los que ellos escribían el único señor comisario de policía es usted. Si acierto, casi se me quita un peso de enci­ma pues yo prefiero no meterme en un asunto tan grave.

 

Sin embargo un día recuerdo que se lo pregunté al señor Dei número noventa y ocho y él me contestó muy secamente: Ese hermano suyo (se refería a usted pues ellos nos llaman entre nosotros hermanos no es­tá implicado en relaciones de esta índole con el gobierno español ).

 

Este asunto, don Dionisio ha cambiado toda mi vida. A veces no sé si todo ha sido un sueño, si no fuera por mi señora y mi cuñado que han sido testigos de todo. A veces mi cuñado que ya ha llegado a creer vuelve a dudar y me dice ¿No serán ellos pertenecientes al mismo gobierno, o extranjeros con un fin que no conocemos y tú has servido como de conejo de indias o de coartada para un asunto extraño? Yo entonces dudo un momento pero recuerdo tantas cosas que no riman, que no concuerdan con el punto de vista este, pues entonces me parecería eso tan novelesco o más que lo otro y quedan en el aire más y más preguntas que no se pue­den contestar si se cree lo otro. Además digo yo que si fuera así no se van a presentar como de otro planeta pues esto provoca más escepticismo aún que lo otro, y más sospechas de falsedad. Además quien los ha conocido y ha hablado con ellos y ha visto su bondad, su comprensión, se da cuenta de que no es posible que mientan. Eso los demás no pueden comprenderlo, por eso lo que yo le dije a su señora. Lo mejor es callar ante los de­más pues encima vamos a hacer el ridículo o van a tomarnos por locos. Además que yo hubiera hecho lo mismo si me viene hace dos años un señor contándome ese “cuento”. Lo mejor es que cada uno viva su vida y hacerse el tonto; yo desde este asunto he cambiado de mentalidad mucho.

 

Bueno: Le prometo enviarle esos documentos. Aunque co­mo he de cumplir con varios señores más tardará algunos días.

 

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