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UMMO-Ciencias

Sitio dedicado al estudio racional del asunto UMMO

D136-2 Carta del mecanógrafo a Villgrasa. Los ummitas duermen en casa del mecanógrafo.

Sr. D. Enrique Villagrasa

MADRID

Madrid 4 de Junio 1967

 

Muy señor mío:

 

Hace unos meses le escribí una carta con motivo de una reunión que habíamos proyectado, reunión que como le diré más ade­lante no pudo hacerse. Yo soy el señor que hasta ahora he venido escribiendo a máquina lo que esos señores procedentes del Planeta Ummo me han ido dictando.

 

Seguramente usted se ha enterado de todo lo ocurrido es­tos días y no he podido resistir a la tentación de sincerarme con usted. Yo creo que lo ocurrido supera todo lo que uno pueda imaginarse.

 

Quiero recordar que en mi última carta le conté toda mi historia que si se la contase a muchos creerían que estaba loco, pero usted ya los conoce y puede comprenderme. Incluso mi mujer que hasta hace pocos días era bastante escéptica y creía que eran agentes de espionaje (Ya sabe que cuando a una mujer se le mete algo en la cabeza,. no razona y no hay quien las convenza con argumentos) a la vista de lo ocurrido ha tenido que rendirse a la evidencia, pues ahora tal vez los que no conozcan este asunto harán bien en no creerlo, pero los que lo hemos vivido, y yo creo que lo he vivido más que usted, tendríamos que estar locos para no admitir los hechos.

 

Desde hace unos meses, y después que yo le escribí a usted han sucedido más cosas.

 

¿Recuerda usted la propuesta que hicimos este señor a quien ellos escribían mucho y que es catedrático de Medicina, que es escépti­co y no cree tampoco que venga de UMMO (aunque supongo que habrá cambiado de parecer ya)?

 

Buenos: Pues a su, regreso se enteraron y se enfadaron bastante, nos prohibieron seguir planeando la reunión indicando que cortarían toda relación con nosotros si lo hacíamos partiendo de la base de que habíamos prometido fidelidad al secreto de este asunto. Yo fui a visitar al Doctor y me recibió preocupado por este asunto.

 

El me dijo que todo era muy confuso y extraño (Yo no lo veo tan confuso y menos ahora) Me dijo que admitía que los hechos eran muy extraordinarios y que mantenía correspondencia con otro médico de Nor­teamérica a quien ellos también se comunicaban y que sí; que creía fueran extra terráqueos, pero que él no podía admitirlo pues decía que era absurdo (“Absurdo” será pero a mí ya no me convence nadie de lo contrario) y que él creía que se trataba de alguna comisión secreta de algún estado con fines que nos son desconocidos (Que gana de buscarle los tres pies al gato: Pues este señor será muy catedrático y muy inteligente pero unos hechos si no se creen, han de explicarse de una manera más lógica, pero no dar una explicación que es aún más absurda) De todos modos él reco­noció que eran extranjeros excepcionales con una erudición y unos pro­cedimientos desconocidos en La Medicina.

 

De todos modos él reconoció que les debía mucho, y que la actitud caballerosa era cumplir con la petición que nos hicieron de no convocar una reunión de todos los que los conocemos personalmente o por cartas o por teléfono, como habíamos planeado. La señora de este cate­drático que estuvo con nosotros, (pues yo también fui con mi señora) era también partidaria de cumplir con el secreto que nos pedían, en cambio ella era más creyente que su marido. Claro que en honor a la verdad él no decía que no fuese verdad sino que lo dudaba antes de asegurarlo.

 

Así las cosas vinieron a casa otros señores de UMMO. Conocí a uno que no hablaba y a otro que parecía más viejo, y que ha estado mucho tiempo en Sudamérica. Esos días hemos tenido mucho trabajo, y eso que sé que ellos también dictan cartas a otro señor que es auxiliar administrativo. Escribí bajo dictado a otros señores que antes no había­mos escrito, Todos de Madrid excepto uno de Valencia, este último médico también, y los otros son, Un Ingeniero del ICAI. Un escritor, un pro­fesor de la Universidad que es profesor en Exactas, y otros dos que no sé su profesión. Hablé por teléfono con el profesor de Ciencias exactas y estaba muy intrigado, me hizo muchas preguntas pues al final me dijo que creía que era yo el que le escribía los informes que tratan sobre una pregunta que hizo sobre una cosa que se titula TEORIA DE RETICULOS en su aplicación a procesos estocásticos. (Si usted viera lo asombrado que estaba por la respuesta que le dieron... ! Costó trabajo hacerle ver que yo no había estudiado Matemáticas ni era catedrático como él decía) En cambio ellos han dejado de escribir a algunos señores que antes les conocían, por ejemplo al Ingeniero Industrial.

 

A todo esto mi cuñado ya informado de lo que estaba tuvo un disgusto consigo pues opinaba que este asunto podría traernos serios disgustos pero como a mi; si no me dan razones no acepto consejos, le contesté que me dijera que clase de disgustos podían ocurrirme. Pues yo escribiéndoles a máquina unas cosas que me dictan no hago nada con­tra la ley. La verdad es que él estaba más asustado que yo, puesto que llegó a convencerse de que ellos decían la verdad al asegurar su procedencia de Ummo.

 

Pero yo a fuerza de tratarlos me he convencido de que son las mejores personas que he visto en mi vida, Ya quisiéramos los de la Tierra ir con esa falta de malicia que van ellos y tan comprensivos e imparciales para comprender las más íntimas cosas. Solo oír la dulzura y seriedad con que reprenden y dicen las cosas los retrata. Y no vaya a creerse que son ingenuos; nada más mirarte parece que te penetran.

 

Pero a finales del año pasado me dictaron unas cosas en que le decían a uno de los corresponsales que una de sus naves interplaneta­rias iba a venir entre Enero y Mayo.

 

Efectivamente En Una visita que me hicieron dos de ellos el Domingo 14 de Mayo yo noté que algo ocurría pues me dictaron una carta que me dejó asombrado pues era una carta comercial dirigida a Australia pidiendo información sobre unos paneles aislantes termoacústicos. Nunca me habían dictado nada semejante. Lo más curioso era que ellos me traían unas hojas y sobre timbrado con el nombre de una Firma comercial Madrileña especializada en decoración de locales comerciales. (Por cierto que por curiosidad fui a esa dirección y sé que se trata de un Arquitecto a quien nunca habíamos escrito

 

Además, empezaron a venir a casa con más asiduidad a dic­tarme cosas de tipo científico, pero en cambio se desentendían más de este asunto pues antes, recién escrito un informe era repasado por el superior de ellos que se llama Dei 98, y me mandaba que lo enviase por correo inmediatamente. Ahora en cambio dictaban más cosas y me daban una especie de agenda con instrucciones para que los fuese mandando más espaciados en fechas distintas a cada persona. Por ejemplo una cosa que le envió a usted sobre un asunto matemático de los ibodoo uu, la he tenido guardada más tiempo esperando la fecha marcada por ellos. 

 

El día 26 de Mayo a las siete de la tarde vinieron Asoo 3 hijo de Agú 28 que yo ya conocía pues me ha dictado cosas para varias personas con el mismo señor silencioso del día anterior, llevaban una maleta corriente de cuero muy moderna y de tamaño mediano que creíamos sería el equipaje de las dos señoras o señoritas que viniesen. Estuvieron charlando con nosotros después de pedirnos examinar todas las habitaciones. Nos dijeron que esperaban hasta el anochecer para hacer una cosa. La Superiora llegaría hacia las 10 y media. Nos ente­ramos también que en la calle esperaban “varios hermanos más” No quisieron aceptar nada más que agua.

 

Estaba ya oscureciendo cuando nos rogaron que cerrásemos la luz del comedor y abriésemos de par en par el balcón. El que no ha­blaba español se quedó sentado con los ojos cerrados e inmóvil como si estuviese hipnotizado, y el otro sacó como una pluma estilográfica y empezó a emitir esta como un zumbido continuo con altibajos, pues les estaban comunicando algo. Mientras el otro, se despertaba de vez en cuando y le hablaba en su lenguaje.

 

Ya había anochecido. Serían las diez menos veinte, y pusieron delante del balcón la maleta y la abrieron. Mi mujer y yo estábamos sentados sin decir palabra y muy impresionados. Como frente a no­sotros hay un anuncio de neón de una tienda de electricidad y electrodo­mésticos, se veía bien lo que estaban haciendo aunque estaban apagadas las luces. Primero miraron bien si había alguien en los balcones que aunque no caen frente a nosotros en la otra fachada de nosotros, no están lejos. Luego empezaron a sacar de la maleta unas bolitas como metálicas del tamaño de una pelota de tenis y otras más pequeñas. Yo ya había visto una, meses atrás. Es algo extraordinario. Se mantienen en el aire y se dirigen a todas las alturas como dirigidas por radio. Además sacaron otras dos que aunque no se veían bien eran de una forma parecida a esta

 

 

En total sacarían cerca de veintitantas de unas clases dis­tintas. Una a una las sacaban al balcón y como si fuesen burbujas o globos pequeñitos desaparecían hacia la calle. Por lo menos cuatro más pasaron cerca del techo bordeando la lámpara y se metieron en el pasi­llo de la casa. Luego nos pidieron permiso y se fueron pasillo adentro y oímos abrir la puerta de la calle. Cuando volvieron la maleta estaba vacía. A todo esto el que no sabía español, manipulaba una varilla me­tálica con un disco en el centro.

 

 

A las 11 menos cuarto llamaron a la puerta. Lo más asom­broso es que estando charlando con nosotros Asoo 3 nos dijo que ya habían llegado a la puerta de la calle y aunque yo sé que el portal no se cierra hasta más tarde, me dijeron que no era prudente que bajase a recibirla.

 

Salimos a abrir muy nerviosos. Acompañadas de DEI 98 iban dos señoritas: Una de ellas más alta y la otra mucho más joven y menudita, llevaban abrigos de ante muy modernos, de color marrón la chica mayor y verde pajizo la joven que nosotros sabíamos ya que era ella. por cierto que ella misma llevaba un bolso maletín de skay o plás­tico que ponía B.E.A. de las Aerolíneas. No llevaban otro equipaje. Las dos eran rubias y llevaban el pelo suelto. Iban vestidas muy moder­nas pero discretas.

 

La más menudita (Que era la jefe) con acento inglés y hablando muy mal en español aunque se le entendía, se dirigió a mi señora y le dijo algo así como que agradecía de corazón la hospitalidad del país España pasamos todos al comedor, pero después de haberse despedido los dos señores de antes. En mi vida me he sentido más molesto, pues cuando nos sentamos la señorita “Yu” uno, mi señora y yo, la chica mayor que se llamaba algo así como UUOO ciento veintitantos, y Dei 98 que es el hombre que más me ha impresionado en mi vida por su inteli­gencia infinita, permanecieron de pie, lo cual fue muy violento y en eso sí hago una crítica pues aunque sea costumbre de ellos hacia su supe­riora por respeto, debieron darse cuenta que mi mujer y yo estábamos muy violentos.

 

Por ejemplo a mí que no se me escapa nada noté que cada vez que ella les preguntaba algo contestaban bajando los ojos y como si no se atrevieran a mirarla. Ella es casi una niña, no tendrá ni diecinueve años por lo que sabemos pero aparentaba dieciséis. La otra aparentaba los veintitrés o veinticinco. Desde luego lo que más asombraba a mi mujer es que fuese ella siendo de los más jóvenes de los que estaban allí, la que mandase y no se le ocurre otra cosa que decírselo. Los tres se rieron y ella dijo que no creyésemos que en UMMO mandan las yie jovencitas, que eso dependía de muchos factores.

 

Hablamos mucho de las costumbres españolas, Lo único que le repugnó eran los toros. No se habló, para nada del Planeta Ummo. Nos hizo muchas preguntas sobre el régimen español, estaba enterada de mu­chas cosas, del Referéndum y hasta de las cortes, yo le dije que nosotros no queríamos entender de política desde que en la Guerra me mataron a mi padre los rojos. Me quedé asombrado de lo que sabía. Mi mujer la es­cuchaba con timidez sin atreverse a hablar. Ella se dio cuenta y con mucha dulzura comenzó a hablar de la cocina española y de que le entris­tecía mucho saber que las mujeres españolas leen poco y no se las forma intelectualmente como a los hombres, y que ella estaba segura que la femineidad no se perdía jamás con una educación mayor. Luego miró son­riendo a la otra, y esta abrió la bolsa de viaje y entregó a mi mujer una enciclopedia del hogar maravillosa, con láminas en color y en español.

 

Cenamos allí, mi mujer se quedó asombrada pues la forzaron a dejarse ayudar por ellas. Lo que nos asombró más es que comiesen con nosotros se negaron a tomar vino. Ya nos habían dicho que querían una cena sobria y mi mujer había preparado de antemano patatas cocidas, huevos pasados por agua y para ellos fruta (naranjas y plátanos) otra cosa violenta es que suplicó tanto que al final de la cena se empeñó en lavar ella misma (la superiora) los cacharros y su secretaria se quedó de pie sin ayudar según me dijo luego mi mujer, que por cierto le pasó la timidez y mientras secaban los platos charlaron mucho. (Yo, quedé hablando en la sobremesa con Dei 98) Otra cosa que nos chocó es que antes de ponerse a cenar nos pidieron permiso para descalzarse. La señorita mayor se arrodilló y con naturalidad le quitó los zapatos a su jefa y luego se descalzaron ellos. Durante la cena si se sentaron pero no hablaron mientras ella no les hacía preguntas.

 

Lo más violento fue luego, pues muy discretamente nos pidieron permiso para retirarse. Volvimos a suplicar que se acostasen en nuestra cama o al menos en un sillón que es sofá cama, pero fue inútil.

 

Dei 98 se marchó a la calle. Me enteré que iba a un hotel cercano, donde habían instalado una especie de Centro oficial de ellos, provisionalmente. Creo que con la sola misión de proteger a la señorita Yu uno

 

Además creo que estuvieron varios dando vueltas por los alrededores toda la noche.

 

Digo que fue muy violento pues que ni siquiera admitió que mi mujer le diese una manta. Nos dijo sonriendo que iba a dormir simplemente en el suelo. En el mismo comedor. Nosotros estábamos sin saber que hacer ni que decir. La señorita mayor que hablaba mucho mejor el español que su superiora nos pidió permiso para “echar una cosa en el suelo” diciéndonos que no nos preocupásemos que al día siguiente no se notaría nada ni estropearía las baldosas. Sacó un cilindro como niquelado y salió una cantidad increíble de espuma amarilla que dejó una mancha grande en el suelo como si fuese barniz. No nos atrevimos ni a preguntar. La señorita YU se quedó dentro, y salimos nosotros tres. La otra dijo que no se acostaría que se quedaría toda la noche de pie en el pasillo. Cuando entramos en el dormitorio, estábamos tan nerviosos y preocupados que no nos atrevíamos ni a desvestirnos. No sé porque a mi mujer se le ocurrió ponerme más nervioso diciendo que a lo mejor venía la policía, como si estuviésemos haciendo un crimen o algo malo.

 

Sentados en la cama y sin hablar, a los veinte minutos, va y dice que quería llamar por si necesitaban algo. Luego me lo contó, La chica mayor paseaba a oscuras por el pasillo con los brazos cruzados. En voz baja le preguntó que si era prudente despedirse de ella y preguntarle que si quería algo. La otra le dijo que en efecto era una cortesía y que entrase sin llamar, mi mujer quería dar con los nudillos pero la otra amablemente le dijo que no, que entrase pues seguro que no dormía todavía. Entraron las dos. El comedor nuestro tiene una mesa larga y hay otra mesita de camilla en un rincón, cerca del balcón. Estaba el balcón entreabierto. La luz apagada pero mi mujer dice que en el suelo al lado de ella y de la mesa de camilla había como un disco algo mayor que una moneda de cincuenta pesetas que fosforecía mucho y se la veía bastante bien. Ella se incorporó y mi mujer le preguntó que si quería algo, que estaba nerviosa pensando que estaría incómoda. Dice mi mu­jer que llevaba una especie de bañador. Como la luz era tenue no dis­tinguió de qué. Estaba en el santo suelo, sobre la mancha amarilla. Hablaron unas palabras y salieron de nuevo.

 

En el pasillo habló con la otra. Estuvieron largo rato hablando bajo. Esta “señorita” resultó que estaba casada, y que su marido estaba en UMMO y ella vino seleccionada a nuestro Planeta. Allí en UMMO era co­mo si dijésemos profesora de una especialidad de Matemáticas y su misión en la Tierra no me lo supo explicar bien mi mujer pero parece que estaba relacionado con el estudio de la historia de los físicos que ha habido aquí antiguamente. Estando en Méjico cometió una desobediencia y parece que estaba algo así como castigada a servir de doncella a su jefe. En fin una historia larga.

 

Nos levantamos temprano. Ellas estaban charlando ya en el comedor. Nos pidieron permiso para entrar en el cuarto de baño. Primero se bañó la mayor y YU quedó fuera hablando con nosotros. Luego entraron las dos. Lo más curioso es que mi mujer observó que no habían usado las toallas ni el jabón, pese a que el baño había sido utilizado. La mancha amarilla del suelo ya no estaba. Ni con lupa quedaba nada! No quisieron desayunar aunque insistieron en que lo hiciésemos. Ocurrió otra cosa, Estando hablando, Yu uno con nosotros, la otra que estaba de pie se puso a mirar y curiosear, volviendo la cabeza, los muebles de comedor. La jovencita se dio cuenta y esta vez en su idioma le dijo algo en un tono que a nosotros nos pareció dulce, pero la mayor, UUO se puso colorada le temblaron los labios y se le humedecieron los ojos. Nosotros aparentamos no darnos cuenta y seguimos hablando.

 

Se marcharon temprano y regresaron por la noche. No olvidaremos nunca las conversaciones que tuvimos con aquella joven. Mi mujer estaba tan impresionada que me confesó que ahora creía de verdad que fuesen de Ummo. Además el mismo día 27 Dei 98 vino a dictarme varias co­sas entre ellas unas cartas que usted recibiría: una en la que daba la noticia de la llegada a Brasil, Bolivia y España de unas naves interplanetarias de ellos. Me dictó más informes y dijo que seguiría haciéndolo el domingo y el martes pues no sabía si su superiora les daría a todos la orden de marcharse y él sospechaba que sí pues le constaba que nadie más descendería de la Nave y que todos sus hermanos habían recibido órdenes de concentrarse abandonando los demás países en que estaban, en Brasil, Bolivia y España. Le pregunté si volverían y me dijo que ni siquiera sabía seguro si partían. Le pregunté si ella lo sabría o esperaban órdenes al llegar las Naves y me dijo que no era preciso esperar las Naves para conocer las órdenes (ellos llaman a las naves Oauelea ueba oemm). Y que ella lo sabía pero que no acostumbraba a dar explicaciones a los que estaban sumisos a ella. Pero que por si acaso me dictaría él mismo algunos informes más para que en el caso de marcha los enviase a ciertas personas en determinadas fechas (Por cierto me entregó a máquina otros tres in­formes para tres personas que residen en París y Lyon escritos en francés) Al día siguiente Domingo por la tarde regresó Yu sin su hermana pero acompañada de Asoo tres y de otro que no conocía muy joven y que no hablaba tampoco español (o no quería hablarlo) Me dieron unos paquetitos para enviarlos y un sobre para mí pidiendo que no lo abriera aun. Asoo tres me pidió a solas que pasase lo que pasase guardase reserva sobre mi identidad puesto que si regresaban a la Tierra yo y otro señor éramos los únicos enlaces en España. Yu uno se despidió de nosotros el martes por la mañana diciendo que no dormiría más en nuestra casa y que pasarían la noche en los alrededores de Madrid. Vino Dei 98 a reco­gerla y subieron a un taxi cuya matrícula he apuntado. Estábamos impre­sionados al despedirles Ya no he vuelto a verlos.

 

Por los periódicos me he enterado de que llegó la Nave. En uno de ellos vienen hasta las fotografías. Toda la noche del miércoles estuvimos paseando mi mujer y yo por la Casa de Campo y Argüelles, pues nos dijeron que era más probable la llegada el mismo miércoles que el jueves. El Jueves estuvimos hasta las once de la noche por la Ciudad Universitaria y viendo que no veíamos nada muertos de sueños nos retiramos. A la tarde siguiente nos enteramos en el diario Pueblo y compramos todos los periódicos de la tarde para noticias. Además llamamos por teléfono al pero no contestaban.

 

Yo ya no dudaba hace tiempo, pero esto por si quedaba alguna duda acabó por convencerme y lo mismo a mi esposa. Yo ya no sé si estoy soñando si no fuese porque están ustedes, los que reciben mis cartas, y mi mujer que los ha conocido y mi cuñado, y las noticias de los periódicos, creería que estoy loco. Esto es lo más grande que he conocido en mi vida y si no fuese porque ellos me han suplicado discreción, no me importaría ya que me tomen por loco y decirlo a los cuatro vientos.

 

Lo único que me preocupa ahora es una cosa ¿Por qué se han ido así tan de repente y además todos. El domingo 28 por la noche tuvimos mi mujer y yo con ella otra larga charla. Ella nos dio consejos maravillosos sobre las comidas, sobre cómo educar a los hijos, hablamos de los viajes espaciales de los americanos a la luna y nos contó cosas de Astro­nomía que nos dejó con la boca abierta, hasta el punto que yo que al prin­cipio me sentía acomplejado porque ella era casi una chavala, me sentí dominado por ella, y no sé como salió a relucir todo el lío de Egipto y los Judíos. Yo le pregunté que qué opinaba y dijo que nos tranquilizásemos que no habría Guerra Mundial, pero luego se quedó como pensativa y se miraron ellas dos muy significativamente. Luego como si se diese cuenta que habíamos cogido esa mirada, repitió con voz segura que nos tranquilizásemos. Que no habría tal Guerra. Pero yo he dado vueltas a este asunto. ¿Por qué se marchan todos así tan de repente, dicen que las ratas abandonan los barcos que luego acaban por naufragar... Ellos han estado haciendo sus estudios, me estaban dictando informes científicos y otras cosas y de repente... ¿Nos diría eso de que no habrá Guerra por tranquilizarnos como a los niños se les mentía en tiempo de Guerra antes de un bombardeo? Ellos están muy enterados de Política y de armamento. A mí antes de la explosión de la bomba china me lo anunció Dei 98 con la hora exacta que luego dijeron los periódicos (cosa que me hizo pensar por cierto si mi mujer llevaría razón y fuesen espías).

 

En fin: me he desahogado con usted pues lo necesitaba. Pienso escribir esta noche otra carta más a otro señor de los que reciben informes

 

Deseo expresarle mi amistad pues usted y yo hemos sido testigos de esto. Perdóneme si no firmo.

 

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