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UMMO-Ciencias

Sitio dedicado al estudio racional del asunto UMMO

D95 Anulación de un contacto planificado en Londres.

Copias: 1

Dirigido a Dionisio Garrido Buendía

MADRID ESPAÑA

 

                                                                                  Madrid, 19 Agosto 1970

 

 

Nuestro estimado Señor:

 

Le dirigimos nuestros respetuosos saludos.

 

La carta que les dirigimos en fecha no lejana es conocida por prácticamente todos los interesados hermanos suyos según nuestras noticias. Les agradecemos una vez más el interés que nos dedican y comprendemos que las vacaciones estivales constituyen un serio obstáculo para sus propias comunicaciones internas, por lo que justificamos las escasas omisiones que hemos registrado a la difusión de nuestro escrito.

 

Yo desearía, señor, reflejarle de algún modo con toda sinceridad nuestras actuales ideas en torno a estas extrañas relaciones con ustedes aún a riesgo de reiterarles hasta la saciedad conceptos y parti­culares puntos de vista nuestros que en su día vertimos en precedentes cartas suscritas por mí o algunos de mis hermanos.

 

Nuestro temor actual se centra en una serie de consideraciones complejas que sin duda aceptaría cualquier agudo analista de entre los suyos. En primer lugar aludiremos a la posible esterilidad de nues­tras relaciones. Es indudable que no entra en el campo de nuestra pra­xis, una intervención activa por nuestra parte que viole sus más caras libertades, ni siquiera ejerciendo una función asesora que constituiría inevitablemente una forma velada de coacción o de paternalismo. Y esto es así aún cuando ustedes mismos, adoptando una postura que calificaríamos de masoquismo intelectual, nos suplicaran aceptásemos cualquier tipo de sumisión fuese a nivel de individualidades. Repetimos: ello no sería aceptado por juzgarlo nosotros una violación evidente de nuestro código ético, que postula el profundo respeto hacia la idiosincrasia y dinámica evolutiva de los grupos biorracionales autóctonos.

 

Pero ustedes mismos son testigos de que en la práctica tal idea es difícilmente proyectable a la praxis por la inevitable oposición de los condicionantes psicosociales que rigen entre ustedes. ¿Cómo podíamos evitar -siempre bajo el supuesto real de que respetamos sus formas de conducta y sus procesos afectivos y de elaboración racional- que al recibir nuestros informes y nuestras cartas, ustedes se vean afectados por nuestra influencia? Para algunos de ustedes, la aureola de misterio que nos rodea inevitablemente, acrecienta nuestro prestigio, y si además es aceptado con amplio margen de probabilidad nuestro testimonio de formar parte de una red social exantropológica procedente de un lejano astro frío, ha de acrecentarse aún más nuestra reputación con su carga de sugestividad y potencial de irradiación intelectual.

 

De este modo, cualquier sugerencia nuestra, cualquier mera opinión, cualquier tímido consejo nuestro esbozado sin la mínima intencionalidad coactiva, puede convertirse por ustedes en un poderoso resorte de conductas que les fuerce moralmente a seguir una línea o política de acción en perjuicio de sus más valiosas libertades de opción. El riesgo es tan evidente que no creemos sea preciso insistir demasia­do en acusarlo. Será injusto por otra parte calificar de nefasta o de alienante tal influencia en el sentido de que por ejemplo constituyese para ustedes un embrión de perturbaciones psicopatológicas. Imaginamos que son ustedes conscientes de que no es ése el significado de nuestros temores.

 

Para paliar estos efectos, nosotros podríamos en nuestros escritos presentarles unas versiones más asépticas -y algo de ello ri­ge en nuestra estrategia respecto a nuestras comunicaciones- o inte­rrumpir para siempre estos extraños contactos solución que, aunque drástica, seccionaría en su raíz los gérmenes del problema. Pero esta última alternativa la valoramos desde un ángulo afectivo o sentimental sabemos que será calificada por ustedes de cruel y por ello no hemos deseado unilateralmente adoptarla sin su consentimiento previo.

 

Que cualquier solución definitivamente adoptada no puede ser satisfactoria para todos al nivel en que nos encontramos es algo de lo que es preciso adquirir plena consciencia.

 

Pues el grado de complejidad que con el tiempo alcanzan los procesos de esta clase, especialmente cuando se hallan involucradas formas semánticas y estructuras mentales tan distintas como las nues­tras, hacen inevitables las tensiones, y las implicaciones perturbado­ras que deterioran el cuadro general.

 

Buena muestra de ello son las reticencias y veladas disensiones, al malestar en suma con que han sido acogidas nuestras insi­nuaciones últimas acerca de las futuras relaciones con los grupos de Madrid y Barcelona. Insinuaciones que ahora les aseguramos a ustedes no deseaban ser coactivas sino simplemente orientadoras.

 

Todo esto nos produce una sensación de amargura. No lo califiquen de reproche hacia ustedes. No son culpables sus hermanos y usted de estos desajustes mentales que son en último extremo un subproducto de unos esquemas mentales de los hombres de TIERRA ex­torsionados por una secuela de traumas sociales muy complejos de di­fícil para ustedes diferenciación etiológica.

 

Por ello preferimos rectificar. Rectificaremos todas las veces que sea necesario con tal de evitarles a ustedes amargas decepciones y disensiones intestinas entre sus hermanos. Repartiremos nuestra correspondencia entre ambas agrupaciones: CEI y ERIDANI indistintamente, y puesto que el viaje a Londres ha provocado entre ustedes inquietudes y extrañeza, cancelamos este contacto que por otra parte no era imprescindible, hasta que las circunstancias más favorables que las del presente permitan en meses próximos celebrar esa conferencia en BARCELONA o MADRID sin riesgos de interceptación. Nuestra insinuación de contribuir económicamente a los gastos de ese viaje no eran en modo alguno una forma paternalista de imponerles nuestras normas. No debieron sentirse humillados por un ofrecimiento cuyo único objeto era compensar la grave molestia asociada a nuestra iniciativa de conversar con ustedes.

 

Comprendemos y nos sentimos culpables por no haber matizado mejor sus propios sentimientos. Nos esforzaremos aún más en adelante en no forzarles a adoptar resoluciones que se aparten dema­siado de sus hábitos cotidianos. Inevitablemente una propuesta como la reseñada, ha provocado las alteraciones en sus vidas privadas a que aludíamos en el principio de la carta, y es nuestra obligación corregir en lo posible nuestros primitivos supuestos. Perdónennos por esa trasgresión a nuestra propia moral.

 

Por último, les suplicamos no se sientan acomplejados por estas manifestaciones un tanto acres, ni se generen ustedes a sí mis­mos un sentimiento de culpabilidad que no existe. Ello empeoraría precisamente el cuadro que tratamos de purificar. Hemos operado bajo los supuestos de una moral de situación que es, preciso modificar en función de esta misma situación cambiante.

 

Sólo nos resta exhortarles una vez más a mantener inde­pendencia de criterio respecto a nosotros. Haced compatible en el grado posible el respeto movido por una legítima curiosidad, hacia estas extrañísimas -para ustedes- cartas, con sus propias racionalizaciones críticas del problema. Y puesto que nosotros tampoco lo deseamos así, no dejarse arrastrar por nuestras versiones y consejos hasta que un proceso de maduro análisis, y objetivación de las mismas hagan viables su aceptación.

 

Señor: Le suplico restrinja hasta el límite posible la ela­boración de copias de esta y futuras cartas, hasta que las condiciones de inseguridad hayan cambiado. En este punto sí nos atrevemos a man­tener una solicitud imperativa. Envíe tan solo a sus hermanos de Sevi­lla y Barcelona una reproducción, lacrando la carta y cosiendo con un bramante el conjunto para evitar cualquier eventual violación de su contenido sin que de ello tuvieran noticia.

 

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